CIUDAD DE PUEBLA.- Estudiar en Puebla se ha convertido en un reto económico para jóvenes universitarios foráneos que llegan a la ciudad para buscar nuevas oportunidades académicas, quienes deben aprender a sobrevivir con presupuestos limitados, además de adaptarse a un nuevo lugar de vida.
Rentas que van de los mil 500 a casi 6 mil pesos mensuales, despensas de hasta 2 mil pesos por semana y gastos adicionales en transporte forman parte de la vida cotidiana de estudiantes, sin considerar actividades recreativas.
En el marco del Día del Estudiante, universitarias consultadas por este medio comparten que, si bien el apoyo de sus familias es indispensable, algunas deben trabajar los fines de semana o ajustar gastos personales para sostener su vida fuera de su entidad de origen.
Aunque no existe información pública sobre el origen de estudiantes de universidades privadas, en 2024, la BUAP —universidad pública en la entidad— registró estudiantes oriundos de los estados de Tlaxcala, Veracruz, Oaxaca, Guerrero y Morelos.
Trabajar fines de semana para cubrir gastos
Daniela tiene 20 años y desde hace casi tres dejó Tlaxcala para estudiar Gastronomía en una escuela privada, en la ciudad de Puebla. Comparte un departamento con otras cuatro estudiantes; cada una tiene su cuarto, pero comparten áreas como baño, cocina y sala. La renta cuesta cuatro mil pesos mensuales e incluye algunos servicios.
Aunque puede ir caminando a la universidad, sus gastos no terminan ahí, ya que debe destinar dinero a la despensa, la lavandería y el transporte cuando tiene prácticas profesionales. Cada quincena gasta alrededor de mil 500 pesos en alimentos básicos como huevo, leche y productos indispensables, limitándose a comprar frituras u otros productos poco necesarios.
También intenta ahorrar lavando su ropa a mano, aunque las cobijas y prendas más pesadas las lleva a lavandería, donde gasta cerca de 250 pesos cada quince días. A esto se suma el gasto en transporte cuando debe realizar prácticas lejos de su departamento.
Aunque la universidad le proporciona insumos para clases, calcula que necesita alrededor de ocho mil pesos mensuales para cubrir renta, colegiatura y otros gastos.
Para solventar esos gastos, trabaja los fines de semana y también recibe apoyo de sus padres, por lo que considera que ser estudiante foránea implica un esfuerzo económico constante.
Caminar para ahorrar en transporte
Sharon también se considera estudiante foránea. Originaria del municipio de Tecali de Herrera, se mudó a la capital para estudiar Comercio y Estrategia Internacional.
Renta un cuarto pequeño cerca de su universidad por mil 500 pesos al mes, lo que le permite ahorrar en transporte porque puede llegar caminando. Sus principales gastos son la renta y la comida, en la que destina alrededor de 800 pesos mensuales. También gasta ocasionalmente en Uber o transporte público.
Calcula que sus gastos rondan los tres mil pesos mensuales, sin contar la colegiatura que pagan sus padres. Aunque reconoce que gasta menos que otros estudiantes, considera que vivir fuera de casa sigue siendo caro.
Comer atún para solventar gastos de fiesta
Con 24 años, Laidy dejó Campeche para estudiar Ingeniería en Biotecnología en una universidad privada en Puebla. Vive sola en un departamento cercano a su escuela, por el que paga 5 mil 800 pesos mensuales, que incluye servicios como internet, luz y agua, algo que considera una ventaja después de haber pasado por otros lugares más pequeños y costosos.
Antes de encontrar su actual departamento, vivió en una residencia estudiantil y después en otro espacio que describe como “un huevo”. Ahí pagaba 4 mil 500 pesos por un cuarto reducido, con baño propio, pero cocina compartida. Incluso le avisaron que la renta aumentaría otros 500 pesos, lo que terminó por convencerla de mudarse.
Encontrar un lugar que cumpliera con lo básico no fue sencillo. La joven dice que en Puebla muchas rentas son elevadas para lo que realmente ofrecen y, además, en varios casos los servicios ni siquiera están incluidos.
Su principal gasto, después de la renta, es la comida. Calcula que normalmente destina alrededor de mil pesos semanales para alimentación, aunque la cantidad cambia dependiendo de su estilo de vida y de otros gastos recreativos.
Hubo una ocasión, cuenta, en la que salió de fiesta y terminó gastando tres mil pesos en una sola noche. Después de eso tuvo que sobrevivir una semana con apenas 150 pesos.
“Vivía prácticamente de tacos de canasta y atún en lata”, dice.
Cuando no tiene gastos extraordinarios, su presupuesto para comida aumenta y puede darse algunos gustos, como ir a restaurantes o pedir comida preparada. En esas semanas llega a gastar entre mil 500 y 2 mil pesos solo en alimentación.
Además, suele comprar ropa ocasionalmente en plazas comerciales, aunque asegura que intenta limitarse y no gastar más de mil pesos cada vez.
Sus padres son quienes cubren la mayor parte de sus gastos y considera que vivir en Puebla es caro, sobre todo al compararlo con Campeche.
“En mi ciudad, con lo que pago aquí de renta podría tener una casa completa en un fraccionamiento, entonces sí sientes una diferencia muy drástica”, dice.










