El bastión que nunca fue

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Hay políticos que se enamoran de las palabras.
“Bastión”.
“Voto duro”.
“Estructura”.
“Territorio”.
“Panismo histórico”.
Las repiten tanto que terminan creyéndoselas.
Y entonces aparece la frase:
“Puebla capital es un bastión panista”.
¡Ah, caray!
¿De cuándo acá?
Porque una cosa es que el PAN haya ganado varias veces en la Angelópolis y otra muy distinta es que haya sacado las escrituras de Palacio Municipal.
Hasta donde sabemos, la Presidencia Municipal no tiene dueño.
Aunque algunos se comporten como si ya estuviera apartada para su grupo político hasta el año 2050.
El supuesto bastión
Vamos a hacer memoria.
El PAN ganó Puebla capital con Gabriel Hinojosa Rivero.
Después llegó Luis Paredes Moctezuma.
Más tarde vino Eduardo Rivera Pérez.
Luego José Antonio Gali Fayad, bajo una coalición encabezada por el PAN.
Y años después regresó Eduardo Rivera.
Hasta ahí todo muy azul.
¿El problema?
Que entre uno y otro hubo priistas.
Después hubo morenistas.
Hubo sustitutos.
Hubo coaliciones.
Hubo candidatos que llegaron prometiendo “el cambio”.
Y hubo ciudadanos que, como buenos ciudadanos, cambiaron de opinión.
Entonces, ¿bastión?
Bastión, mis polainas.
Puebla capital ha sido una plaza competitiva.
Y eso es muy diferente.
Un bastión es donde ganas casi siempre.
Puebla es donde puedes ganar…
si haces bien las cosas.
Y también puedes perder…
si haces mal las cosas.
Así de complicado.
Así de democrático.
El PAN y su curioso “poblanismo”
Pero aquí viene una parte todavía más sabrosa.
Durante años, el PAN poblano ha presumido una tradición política profundamente arraigada en Puebla.
Muy bien.
Nada más que cuando uno empieza a revisar las actas de nacimiento, la historia se pone interesante.
Eduardo Rivera nació en Toluca.
Rafael Micalco nació en San Luis Potosí.
Francisco Fraile nació en Huajuapan de León, Oaxaca.
Ana Teresa Aranda nació en León, Guanajuato.
¡Sorpresa!
El panismo poblano tiene algunos de sus apellidos más importantes con actas de nacimiento expedidas fuera del estado.
Y antes de que algún purista salga a decir que eso es una herejía política, aclaremos:
nadie necesita haber nacido en Puebla para ser poblano.
Puebla no es un club privado.
Aquí llega gente de todo México, hace su vida, trabaja, estudia, se casa, tiene hijos y termina siendo más poblana que muchos que presumen acta de nacimiento.
El problema no es el lugar donde nacieron.
El problema es otro.
Que algunos políticos utilizan la palabra “Puebla” como si fuera una franquicia familiar.
Y eso sí merece una buena revisión.
Porque resulta que varios de los grandes constructores del panismo poblano…
llegaron de fuera y terminaron haciendo política aquí.
Qué ironía.
¿Entonces qué es Puebla?
Puebla capital no es azul.
Tampoco es guinda.
Ni tricolor.
Ni naranja.
Puebla capital es caprichosa.
Y eso debería preocupar a todos.
Porque el elector poblano tiene una costumbre bastante incómoda para los partidos:
no pedir permiso para cambiar de opinión.
Hoy vota por el PAN.
Mañana por el PRI.
Después por Morena.
Luego por una coalición.
Y si ninguno le convence, puede mandar a todos al diablo.
Electoralmente hablando, claro.
Porque el voto no tiene memoria partidista.
Tiene memoria de bolsillo.
Tiene memoria de seguridad.
Tiene memoria de servicios.
Tiene memoria de si la calle está llena de baches.
De si llega el agua.
De si hay alumbrado.
De si puede caminar tranquilo.
Y sobre todo…
de si el político prometió una cosa y terminó haciendo otra.
Los números son unos aguafiestas
Aquí es donde la realidad llega a arruinar la fiesta.
Durante los últimos 30 años, el PAN ha tenido victorias importantes en Puebla, sí.
Pero cuando uno revisa las diputaciones locales tampoco encuentra una hegemonía azul.
En 2001 consiguió 10 curules.
En 2007 cayó a ocho.
En 2013 tuvo un crecimiento importante de la mano de la coalición Puebla Unida y el morenovallismo.
En 2018 volvió a bajar.
En 2021 recuperó terreno.
¿Ven la constante?
Sube.
Baja.
Sube.
Baja.
Eso no se llama bastión.
Eso se llama elección.
El problema es que a los partidos les encantan las etiquetas porque las etiquetas no votan.
Los ciudadanos sí.
La nostalgia no gana elecciones
Y aquí viene la parte que debería preocupar al PAN.
No se puede ganar 2027 hablando de 1995.
No se puede pedir el voto porque “nosotros ya gobernamos”.
Tampoco porque “antes las cosas estaban mejor”.
¿Antes cuándo?
Porque cada quien tiene su propio “antes”.
Para unos fue Hinojosa.
Para otros Paredes.
Para otros Rivera.
Para otros Gali.
Y para otros ninguno.
La nostalgia es estupenda para las sobremesas.
Pero no necesariamente sirve para ganar elecciones.
Y si el PAN quiere recuperar Puebla capital, tendrá que convencer a una generación que quizá no tiene ningún recuerdo de aquellos gobiernos.
Hay jóvenes que en 2027 votarán por primera vez y que nacieron cuando el PAN ya había gobernado la ciudad.
A ellos no les importa quién ganó en 1995.
Quieren saber quién les va a resolver el problema de hoy.
Morena tampoco debería sacar la champaña
Pero tampoco se emocionen demasiado los de Morena.
Porque creer que Puebla capital ya está escriturada en color guinda sería cometer exactamente el mismo error.
El PAN puede presumir su historia.
Morena puede presumir sus elecciones recientes.
El PRI puede presumir que alguna vez gobernó todo.
Y los tres pueden terminar preguntándose:
¿Y dónde están los votos?
Porque una cosa es tener estructura.
Otra es tener candidatos.
Otra es tener popularidad.
Y otra muy distinta es convertir todo eso en votos.
La boleta electoral es un aparato extraordinario para bajar egos.
El político llega creyéndose gigante.
Sale contando votos.
Y a veces descubre que su “estructura territorial” cabía completa en una combi.
La verdadera pelea
Por eso 2027 puede ser bastante más interesante de lo que algunos imaginan.
No se va a disputar solamente una alcaldía.
Se va a disputar quién logra convencer al elector de que merece otra oportunidad.
El PAN tendrá que demostrar que no vive de sus viejas glorias.
Morena tendrá que demostrar que no vive de la marca.
Y los demás tendrán que demostrar que existen.
Porque hay partidos que aparecen en las elecciones como esos amigos que llegan a la fiesta cuando ya se acabó el pastel.
Eso sí:
todos quieren tomarse la fotografía.
Y mientras tanto…
Los aspirantes ya comenzaron a caminar.
Unos dicen que no quieren.
Otros dicen que están concentrados en su trabajo.
Otros aseguran que “lo importante es el proyecto”.
Y hay quienes, casualmente, ya tienen reuniones, recorridos, fotografías, encuestas y una agenda que parece campaña.
Pero no.
No están haciendo campaña.
Están…
“escuchando a la ciudadanía”.
¡Claro!
Y yo estoy haciendo dieta mientras escribo esto.
La política mexicana tiene frases maravillosas.
“No busco el cargo.”
“Estoy concentrado en mi responsabilidad.”
“Será el partido quien decida.”
“Yo no estoy obsesionado.”
Traducido al español político:
“Quiero ser candidato, pero todavía no quiero que se note.”
El PAN frente al espejo
Quizá el verdadero debate para Acción Nacional no sea si Puebla capital es su bastión.
Quizá la pregunta sea mucho más incómoda:
¿Todavía sabe por qué quiere gobernarla?
Porque si la respuesta es solamente “porque antes ganábamos”, estamos en problemas.
El electorado cambió.
La ciudad cambió.
Los problemas cambiaron.
Los jóvenes cambiaron.
Las redes sociales cambiaron la política.
Y hasta los priistas cambiaron de partido.
Bueno…
algunos cambiaron hasta de ideología en lo que tardaron en firmar su registro.
Así que hablar de “panismo histórico” puede ser muy bonito.
Pero las elecciones no son un museo.
¿A qué le tiras cuando sueñas?
A los panistas que todavía ven Puebla capital pintada de azul habría que decirles:
despierten.
A los morenistas que ya ven la alcaldía en la bolsa:
despierten.
A los priistas que creen que algún día regresará la aplanadora:
despierten.
Y a los ciudadanos:
no despierten todavía.
Porque viene lo bueno.
Vienen las encuestas.
Los amarres.
Los destapes.
Los “destapes disfrazados”.
Las comidas.
Los desayunos.
Los cafés.
Las fotografías espontáneas cuidadosamente planeadas.
Los espectaculares que “nadie sabe quién pagó”.
Las bardas que “son de simpatizantes”.
Los videos donde alguien dice que “no está buscando nada”.
Y las famosas encuestas donde todos ganan.
Porque en Puebla, hasta que llega la elección, todos son punteros.
Y cuando llega la elección…
Bueno.
Ahí ya no sirven las selfies.
Sirven los votos.
Así que Puebla capital no es propiedad del PAN.
Tampoco de Morena.
Ni de ningún grupo.
Es de los ciudadanos.
Y mientras los políticos siguen soñando con la silla presidencial municipal, quizá deberían recordar algo muy sencillo:
la silla no vota.
Los que votan son los poblanos.
Y esos, afortunadamente, todavía no reciben instrucciones.
Así que sí:
¿A qué le tiras cuando sueñas, mexicano?
Porque algunos ya sueñan con Palacio Municipal.
Otros ya están repartiendo regidurías.
Y otros…
todavía no se dan cuenta de que el verdadero dueño de la elección está sentado frente al televisor, viendo cómo se pelean por el puesto.
Y ese señor, señora, joven o abuela…
es quien tiene la boleta.
Ahí está el verdadero bastión.
Y no tiene colores.
Tiene voto.
Y nuevamente, aquí viene la gran pregunta, ¿A qué le tiras cuando sueñas, mexicano?
Para cualquier duda, sugerencia o comentario, estoy en mis redes sociales:
X: @jorgereportero1
Portal digital: www.elquintomedio.com
Correo: jorgeab304@gmail.com

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